La historia del Wanderers que hace patria en el Norte Grande de Chile

En las áridas tierras del último rincón al norte del país, brotan los colores verde y blanco en un popular barrio conocido por el nombre de Chapiquiña. En ese lugar se levanta la sede de un club de raíces cincuentenarias y cuyos inicios se remontan a más de 2 mil kilómetros de distancia, en la ciudad de Valparaíso. Allí, en los cerros porteños, fueron criados sus fundadores, todos con una férrea afinidad por el Decano del fútbol chileno.

Se trata del Club Social y Deportivo Arica Wanderers, creado el 1 de noviembre de 1961 por el grupo de hinchas que se avecindó en la puerta norte de Chile. La institución es una de las más reconocidas en la zona, por el predio que antes albergaba competencias del balompié nortino a un costado de su asentamiento y en el cual hoy se erige el suburbio ariqueño.

La relación con el club del Puerto va más allá de lo que representa su nombre y quienes fueron sus iniciadores. Es más bien íntima. Está siempre en las memorias de sus miembros más longevos que, durante el verano del 69’, el equipo campeón de Los Panzers visitó las instalaciones del Wanderers ariqueño y compartió con los caturros ahí reunidos, con motivo de un amistoso ante la selección amateur de la comuna del norte.

La anécdota es relatada por Sergio Donoso, uno de sus dirigentes, nacido y criado en el cerro Las Cañas de la Ciudad Puerto. “La gente simpatizaba con el club y siempre hubo una relación con Valparaíso”, señala el también exjugador del cuadro de la eterna primavera.

“En otra oportunidad pasó Juan Carlos Letelier (exdelantero en la década de los 70′) junto a una Selección Nacional que disputó amistosos con Bolivia. Él como wanderino fue a conocer nuestra sede e incluso ofreció una indumentaria deportiva completa”, agrega el porteño radicado hace 25 años en el Norte.

El Wanderers del Norte Grande del país fue hasta antes del nuevo milenio una de las filiales reconocidas por el Wanderers de Valparaíso. Posteriormente perdió su personalidad jurídica por temas administrativos, pero para sus partidos conservaban el color verde pino en sus camisetas y el mismo logo del plantel profesional, hasta cambiar a la “W” característica de la decana insignia, la que luce pintada en uno de los murales que saluda a quienes visitan su sede.

“Cuando fuimos a actualizar la documentación, nos encontramos con que esto legalmente era una sucursal del club, cuya casa matriz era la que estaba en Valparaíso, incluso con la dirección de la calle Lira”, relata el directivo.

El Arica Wanderers mantiene con mucho esfuerzo su actividad con 3 divisiones para mayores (40, 50 y 65 años) en la Asociación de Fútbol Viejos Cracks de la ciudad. Y el apego es tal por esta histórica institución, tanto como por el equipo del Puerto, que este grupo de hinchas caturros se resiste a desaparecer.

En su trayectoria no han estado exento de problemas: no había plata y problemas entre familias que se pelearon la propiedad de la sede, según explica Sergio Donoso. Sin embargo, junto con la recuperación de su sede, apuntan a que las nuevas generaciones se empapen de los valores wanderinos, recuperando la labor social que antes profesaba la institución en sus épocas doradas, en donde hoy reside el populoso barrio de Arica.

Prensa Corporación Wanderers/Hugo Reyes F.
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