A una década de la concesión: cómo Wanderers no volvió a ser lo de antes

Entre los años 2006 y 2007 Santiago Wanderers vivió uno de los episodios más irreversibles de su centenaria vida. En tan corto período de tiempo, la institución fue escenario de drásticos cambios en su administración y que fueron el resultado de una crisis estructural que ató de manos a sus socios.

El fútbol profesional chileno se adecuaba por ese entonces a una nueva estructura legal, como producto de la incapacidad de los clubes por acabar con números azules en sus arcas al final de temporada, realidad que no era distinta a la del Decano: $800 millones era el déficit acumulado por la gestión del gremio autobusero, controlado por el dirigente campeón en 2001 Reinaldo Sánchez.

La situación acrecentó las pugnas al interior del Directorio y salvar el club de una quiebra era la motivación que tuvo el Movimiento de Restauración Verde (MRV), de la mano de Carlos Bombal, para destronar al empresario del transporte.

Sánchez, a su salida del Directorio, solicitó a la Justicia declarar la falta de liquidez del club por otros $170 millones que había facilitado a través del gremio, sin embargo, la demanda no tuvo efecto y el extimonel fue expulsado del padrón por el grave daño ocasionado al club. Los representantes de la empresa autobusera presentaron luego sus renuncias y Bombal fue nombrado por Asamblea como el encargado de tomar las riendas del Decano.

Con el MRV a la cabeza, la situación no mejoró. Sus intentos se vieron frustrados por la negativa de la empresa porteña de invertir sus capitales en la institución, principalmente porque los socios se resistieron a la transformación de Wanderers en sociedad anónima y mucho más frente a una posible venta.

Wanderers tuvo que acudir a los préstamos bancarios y la venta de sus canteranos para reducir la deuda que, para finales del 2007, alcanzaba la exuberante cifra de $1.120 millones, entre ellas previsiones de jugadores, pagos a Tesorería General de la República y necesidades para su ejercicio.

No había vuelta atrás para el porteño que en la última fecha del campeonato veía a su plantel descender a la Primera B y, días después, finiquitaba al mayor número de jugadores por la imposibilidad de responder a sus salarios. Así las cosas, a Wanderers no le quedó otra opción que adoptar el giro que tomó el 27 de diciembre.

LA ASAMBLEA QUE CAMBIÓ TODO

La propuesta de entregar en concesión al club y dar un “receso” a la administración de los hinchas era la última carta que manejaban en la mesa que presidía Bombal, para paliar los graves problemas que acechaban al club incluso con desaparecer.

El proyecto había sido levantado por la corredora Larraín-Vial y tuvo a Nicolás Ibáñez Varela, hijo del actual máximo controlador (Ibáñez Scott), como el hombre que llevó adelante las negociaciones con la dirigencia porteña. La oferta fue expuesta aquella tarde de finales del 2007 y aprobada simbólicamente (debido a la falta de quórum) por una mayoría de caturros.

Carlos Bombal, presidente de Wanderers; y Nicolás Ibáñez Varela, ejecutivo de Larraín-Vial, encargados de la firma del contrato de concesión (Foto: Archivo La Estrella de Valparaíso).

Entre las garantías que otorgaba la concesionaria por un contrato a 30 años, consideraba el pago total de los pasivos (1.120 millones), la cancelación de una cuota mensual a la Corporación y el aumento de la asociación al club, entre otras. A cambio, exigía el traspaso de los derechos federativos y de explotación de la marca Santiago Wanderers por las tres décadas.

El Decano quedaría saneado, curiosamente, por la misma empresa que negó recursos al club con Bombal. Hombres como Wolf von Appen (TPS), Nicolás Ibáñez Scott (Líder), Mario Valcarce (Chilquinta), Roberto Carrasco y Pablo Wagner (Banmédica/Penta), aparecieron entre los nombres del grupo inversor bajo el nombre de Joya de Pacífico S.A.

La decisión de la Asamblea fue días después ratificada en una instancia extraordinaria que tuvo lugar en el Liceo Matilde Brandau de Ross, en la que 376 socios aprobaron la concesión un 7 de enero de 2008. Y el contrato que vincula a ambas instituciones hasta el 2038 fue suscrito por Carlos Bombal y Nicolás Ibáñez Varela, un 1 de febrero del mismo año. Wanderers, desde entonces, no volvió a ser lo de antes.

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